No me dejen morir dentro de mi piel

No me dejen morir dentro de mi piel, abrácenme
no me dejen sola en una oficina de notarios oscuros
no detengan esta dura tormenta
no me pongan sobre el pecho prohibido,
guarda mi muerte madre no olvides despertarme,
llámenme para velar de noche y en la bruma,
son así las madrugadas de mi sangre
puedo dejarlo todo;
ahí el desconocido que amamos
ahí el tiempo,
tengo una casa mínima dentro de una taza de té
una escondida llaga,
no me interroguen
hay demasiada guerra en mí para que pueda
ceder a la triste cordura de los anaqueles,
no me obliguen a morir a destiempo,
quiero tus manos grandes
y los viejos zapatos que viajan por la casa,
no me dejes entonces
será clara será mía
la escucharé tocándome
soplándome por dentro de la lengua,
desentráñenme abrácenme
ustedes que tienen los fusiles los días que vendrán.