Cuando leí a Mistral

CUANDO LEÍ A MISTRAL
                                      
A mi madre.           
                     	
        –Mi infancia mana leche de cada rama que quiebro– 

Mi mamá se extravió entre cardos y espinos fantasmas,
cuando leí Tala me reencontré con ella

        –si tú me lees yo me vuelvo viva–
 
Debe haber razones por las que cae una hoja;
la fuerza de gravedad, o un último acto de resistencia

        –la danza de perder cuanto tenía–
 
Devolvamos la historia a quienes habitan
los registros fotográficos

        –se te va todo, se nos va todo–
 
Entonces, nos quedará una madre imaginaria
que reside en su hijo treinta y tantos años después

        –escóndeme que el mundo no me olvide–
 
un corazón desértico con temporadas floridas
bajo el lago negro de astros que lo acompañan

        –el olvido de Dios de tu infancia–.